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“El horror de ser mujer y vivir en Ecatepec”

Soy estudiante de Economía en la UNAM. Luego de varios intentos para entrar a la carrera logré pasar su dichoso examen. Realizo un viaje de dos horas en la línea B del metro para llegar a estudiar. Para llegar a las 7 de la mañana me levanto a las 4 y 30: bajo del cerro y tomo el metro. Hago mis tareas entre transbordo y transbordo. Duermo si me toca un lugar sentada…


ESTA CRÓNICA FUE PUBLICADA POR EL PERIÓDICO ‘MILENIO’. AQUÍ LA PRESENTAMOS TEXTUAL.

Paso 4 horas promedio de mi vida diaria en un transporte de mala calidad. Y sí, hay un teleférico: un monumento a la corrupción del gobierno del PRI.

Vivir en Ecatepec es un pequeño acto heroico. No un acto de fe.

Cada que voy en el metro a la universidad paso por el Río de los Remedios. Hoy está drenado por la construcción de lo que sería el nuevo aeropuerto. El día que lo drenaron recuerdo que fueron decenas de cuerpos de mujeres encontrados en él. Se me hace el estómago chiquito, me da dolor, tristeza y rabia.

Mis papás fueron trabajadores de la zona industrial de Xalostoc. Hoy son vendedores en el tianguis más grande América Latina, el de San Felipe de Jesús, pues fueron liquidados en los años ochenta con la desindustrialización de lo que fuera una imponente zona de fábricas.


Hoy a veces sueño que en esa zona cayó una bomba: parecen las ruinas de una civilización que está agonizando. A mí me gusta mucho entender mi entorno y busqué que es eso de lo que todos hablan y dicen en mi colonia: Ecatepec es como vivir en el infierno.

Mi papá me regaló los libros de Paco Taibo II sobre la zona: hoy no queda nada de eso. Y en los diarios internacionales insisten que vivimos en una zona extraña: entre la civilización y la barbarie.

En la edición internacional de El País en una nota del 2016 se dice “Ecatepec es el lugar en el que no se puede vivir”. Un territorio sin ley “El territorio logró arrebatar a la mítica Ciudad Juárez el título de ‘cuna del feminicidio’”.

Ecatepec es una ciudad frontera. Está entre la Ciudad de México y el Estado de México. Es un monstruo con dos entrañas internas: de la ciudad en la que más movimientos democráticos han surgido en el país (por ejemplo, el movimiento violeta del #24A) y al mismo tiempo se sigue percibiendo el clientelismo, la corrupción y la violencia del cacicazgo del PRI, cuyo bastión es Atlacomulco.


Se informó que hace unos días tres individuos armados robaron computadoras y documentos de las oficinas particulares del presidente municipal de Ecatepec Fernando Vilchis Contreras, quien calificó el hecho como un intento por amedrentarlo.


También el prestigioso diario The Guardian, dedicó un reportaje “Ecatepec: el lugar más peligroso para ser mujer” y nos informa “El cráneo y los pies de Diana habían sido encontrados en una bolsa de plástico dragada de una vía de agua maloliente conocida como el Gran Canal, que atraviesa el Estado de México, el estado más densamente poblado del país.”

Ecatepec pasó de ser el municipio de las grandes luchas obreras, muchas encabezadas por mujeres, como el caso de Kelvinator, a ser la capital del feminicidio. Acá muy difícilmente llega el movimiento feminista universitario contra el acoso: muy probablemente por el miedo.


Y es peor de lo que dicen los diarios

Según el Inegi “Ecatepec es uno de los municipios más peligroso del país”. Más peligroso que Ciudad Juárez, cualquier ciudad de Torreón o Tamauilpas. 93% de las personas encuestadas aseguran vivir en el infierno: temen a la inseguridad.

Bien, ser trabajador y vivir aquí es peligroso. Caminar por la Avenida Central, entre caminos de terracería, sobre las cantinas que lavan dinero al narcotráfico, o sobre las pulquerías en el que cada vez hay ejecuciones es peligroso: te pueden robar, detener, levantar. La policía puede verte y por tu aspecto requisarte y quitarte tus pertenencias como ha pasado en un sin número de ocasiones.

Pero ser mujer y trabajadora hace vivir en Ecatepec un infierno. Hace poco en las Américas, muy cerca de casa, desapareció Mariana Joselin. El cuerpo de ella apareció en agosto desmembrado, en pedazos, en una carnicería.

De nueva cuenta El País se regodea en nuestra tragedia “La crueldad y la saña con la que fue asesinada, el hecho de que fuera a plena luz del día, cerca de su casa, por un vecino, ha aumentado la indignación y el miedo en la zona.”


Será reforzada la vigilancia policiaca en los límites de Ecatepec y la Ciudad de México, luego del abandono en territorio municipal de los cuerpos sin vida de 5 mujeres asesinadas en otras zonas, informó el gobierno de esta localidad del Valle de México.


Esta noticia me hizo el corazón chiquito. Pude ser yo. Mi hermana, mi vecina. Carajo, la impotencia de vivir en la periferia, ser de una familia trabajadora, en medio de una crisis de esta magnitud: una se llena de impotencia, pero también de rabia.


Una vecina, que es trabajadora de la Kraft, me contaba que ella decide irse con varias compañeras a la fábrica porque todo se puso peor con los rondines de la policía del estado y la federal patrullando. La padecemos peor: ser mujer, en la periferia y de familia trabajadora.

Pensaba, divagando. ¿Cómo resolver este problema? ¿Qué alternativas tenemos ante esta terrible crisis? Algo, epifánicamente, llegó a mi cabeza. Es claro que no se resolverá del lado del estado, los partidos, la policía, el ejército.

No queda de otra, hay que organizarnos. Las mujeres, trabajadores, las organizaciones de derechos humanos, los familiares de los desaparecidos, las víctimas para detener ese fenómeno aberrante. Un potente movimiento de estas características que nos ayude a decir bien fuerte: Si nos tocan a una nos organizamos miles.N. de la R. Te compartimos esta convocatoria para este domingo 8 de marzo.

Fuente: www.laizquierdadiario.mx

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